viernes, 30 de octubre de 2009

Lluvia...


Era un Sábado como cualquier otro, pero llovía como nunca en la historia de la humanidad.
Afuera llovía a cántaros, y adentro... adentro también llovía.

Recuerdo estar escribiendo en el cuarto del Hotel "La Perla" mientras una o dos gotas muy pícaras se deslizaban por mi espalda dentro del Jean negro que estaba usando; cuyas botamangas estaban mojadas por lo menos cuatro o cinco centímetros a causa de haber

vuelto corriendo por las inundadas calles de las inmediaciones. Miro por la ventana y cada vez llueve más. Eran las 22 pm y la gente decía " Son lluvias de verano, en una hora paran", son las 2 de la mañana.

Lo único que veo por la ventana es lluvia. Gotas chicas, largas, gordas que corren desesperadas como si por ir más rápido se fueran a mojar menos. Claro que también corre gente flaca, perros, ancianos, señoras con tacos que parece que se hubieran cagado encima y algún que otro pichón de paloma que está pensando " Justo hoy se me ocurre aprender a volar", mientras termina en un rincón de la calle, en la esquina, bajo el toldo de un hotel donde se congrega la tercera cuarta parte de la población que recién sale a la calle.

- ¿ Están sacando fotos? - Pregunta una señora.
- No abuela, no sea boluda que el horno no esta para bollos. Son relámpagos. - Contesta un señor alto y con barba de tres días.
- Yo una pizzita me como - Replica la abuela.
Mientras la gente que escuchó sin querer la conversación se aguanta la risa.

Ahora me cambié de lado de la cama, ya tengo la almohada toda mojada.
- Goooooooool ! de Boca. Se escucha un grito largo y sostenido de dos nenes y la gente se asoma a los balcones. ¿Para qué? ¿Para ver el Gol? o para averiguar sin saber con qué fin, de dónde proviene el grito...

- Para mi son fotos - Insiste la abuela. Ahora en la esquina sólo quedan ella, el mártir de su hijo y un ciego que pregunta si esa es la parada del colectivo que va para el centro viejo.

3 am. Me entretuve escribiendo mirando el balcón de enfrente donde hay una cama de dos plazas con dos chicas en culotte y musculosa. Tienen un televisor gigantesco...
Puta, podría haber visto el gol ahi. En la ventana de al lado un gordo habla desde el balcón con un vecino de tres ventanas más abajo.

- ¿ Cómo llueve eh...?
- ¿ Si, no? - le responde, y ambos ríen.

En eso diviso que un señor persigue una ojota por la zanja de la avenida, mientras todo su cuerpo se embebe más en agua y su pelada brilla resplandeciente por debajo de un estúpido piloto que lleva puesto.

Una manada de gegenes lo sigue de cerca.

Ahora no está más la abuela ni el hijo. Sólo el ciego y la paloma en la esquina, que ya se hicieron amigos y ambos saben que ni la lluvia va a parar ni el colectivo va a venir; y yo me parece que me voy a dormir.



Necochea, 09

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